11 El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?
12 Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra
ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y
dejándole, se fueron.
La cuestión del tributo
(Mt. 22.15-22; Lc. 20.20-26)
13 Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos,
para que le sorprendiesen en alguna palabra.
14 Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre
veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia
de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios.
¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?
15 Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por
qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea.
16 Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen
y la inscripción? Ellos le dijeron: De César.
17 Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de
César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él.
La pregunta sobre la resurrección
(Mt. 22.23-33; Lc. 20.27-40)
18 Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay
resurrección, y le preguntaron, diciendo:
19 Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno
muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se
case con ella, y levante descendencia a su hermano.
20 Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin
dejar descendencia.
21 Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó
descendencia; y el tercero, de la misma manera.
22 Y así los siete, y no dejaron descendencia; y después de
todos murió también la mujer.
23 En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de
ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?
24 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por
esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?
25 Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se
darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en
los cielos.
26 Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis
leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza,
diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios
de Jacob?
27 Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que
vosotros mucho erráis.
El gran mandamiento
(Mt. 22.34-40)
28 Acercándose uno de los escribas, que los había oído
disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó:
¿Cuál es el primer mandamiento de todos?
29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es:
Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.
30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda
tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el
principal mandamiento.
31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti
mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.
32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has
dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él;
33 y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento,
con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo
como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y
sacrificios.
34 Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le
dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba
preguntarle.
¿De quién es hijo el Cristo?
(Mt. 22.41-46; Lc. 20.41-44)
35 Enseñando Jesús en el templo, decía: ¿Cómo dicen los
escribas que el Cristo es hijo de David?
36 Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies.
37 David mismo le llama Señor; ¿cómo, pues, es su hijo? Y
gran multitud del pueblo le oía de buena gana.
Jesús acusa a los escribas
(Mt. 23.1-36; Lc. 11.37-54; 20.45-47)
38 Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que
gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las
plazas,
39 y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros
asientos en las cenas;
40 que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen
largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación.
La ofrenda de la viuda
(Lc. 21.1-4)
41 Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda,
miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos
echaban mucho.
42 Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un
cuadrante.
43 Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os
digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado
en el arca;
44 porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de
su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.
Jesús predice la destrucción del templo
(Mt. 24.1-2; Lc. 21.5-6)
13
1 Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos:
Maestro, mira qué piedras, y qué edificios.
2 Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios?
No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada.
Señales antes del fin
(Mt. 24.3-28; Lc. 21.7-24; 17.22-24)
3 Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y
Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte:
4 Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá
cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?
5 Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad que nadie
os engañe;
6 porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el
Cristo; y engañarán a muchos.
7 Mas cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os
turbéis, porque es necesario que suceda así; pero aún no es el
fin.
8 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra
reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y
alborotos; principios de dolores son estos.
9 Pero mirad por vosotros mismos; porque os entregarán a los
concilios, y en las sinagogas os azotarán; y delante de
gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí, para
testimonio a ellos.
10 Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas
las naciones.
11 Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis
por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere
dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que
habláis, sino el Espíritu Santo.
12 Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre
al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los
matarán.
13 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas
el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
14 Pero cuando veáis la abominación desoladora de que habló
el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que lee,
entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes.
15 El que esté en la azotea, no descienda a la casa, ni entre
para tomar algo de su casa;
16 y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su
capa.
17 Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en
aquellos días!
18 Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno;
19 porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha
habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta
este tiempo, ni la habrá.
20 Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie
sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió,
acortó aquellos días.
21 Entonces si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo;
o, mirad, allí está, no le creáis.
22 Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y
harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun
a los escogidos.
23 Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes.
La venida del Hijo del Hombre
(Mt. 24.29-35, 42-44; Lc. 21.25-36)
24 Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el
sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor,
25 y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que
están en los cielos serán conmovidas.
26 Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes
con gran poder y gloria.
27 Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos
de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el
extremo del cielo.
28 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está
tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.
29 Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas
cosas, conoced que está cerca, a las puertas.
30 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que
todo esto acontezca.
31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no
pasarán.
32 Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los
ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.
33 Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el
tiempo.
34 Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio
autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero
mandó que velase.
35 Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de
la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del
gallo, o a la mañana;
36 para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo.
37 Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.
El complot para prender a Jesús
(Mt. 26.1-5; Lc. 22.1-2; Jn. 11.45-53)
14
1 Dos días después era la pascua, y la fiesta de los panes
sin levadura; y buscaban los principales sacerdotes y los
escribas cómo prenderle por engaño y matarle.
2 Y decían: No durante la fiesta para que no se haga alboroto
del pueblo.
Jesús es ungido en Betania
(Mt. 26.6-13; Jn. 12.1-8)
3 Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y
sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de
perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de
alabastro, se lo derramó sobre su cabeza.
4 Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron:
¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?
5 Porque podía haberse vendido por más de trescientos
denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella.
6 Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena
obra me ha hecho.
7 Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando
queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me
tendréis.
8 Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir
mi cuerpo para la sepultura.
9 De cierto os digo que dondequiera que se predique este
evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha
hecho, para memoria de ella.
Judas ofrece entregar a Jesús
(Mt. 26.14-16; Lc. 22.3-6)
10 Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los
principales sacerdotes para entregárselo.
11 Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y
Judas buscaba oportunidad para entregarle.
Institución de la Cena del Señor
(Mt. 26.17-29; Lc. 22.7-23; Jn. 13.21-30; 1 Co. 11.23-26)
12 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura,
cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le
dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas
la pascua?
13 Y envió dos de sus díscipulos, y les dijo: Id a la
ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro
de agua; seguidle,
14 y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro
dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con
mis discípulos?
15 Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto;
preparad para nosotros allí.
16 Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad, y hallaron
como les había dicho; y prepararon la pascua.
17 Y cuando llegó la noche, vino él con los doce.
18 Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo
Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo,
me va a entregar.
19 Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno
por uno: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo?
20 El, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja
conmigo en el plato.
21 A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de
él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es
entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.
22 Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió
y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo.
23 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y
bebieron de ella todos.
24 Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por
muchos es derramada.
25 De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid,
hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.
Jesús anuncia la negación de Pedro
(Mt. 26.30-35; Lc. 22.31-34; Jn. 13.36-38)
26 Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los
Olivos.
27 Entonces Jesús les dijo: Todos os escandalizaréis de mí
esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas
serán dispersadas.
28 Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros
a Galilea.
29 Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no.
30 Y le dijo Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta
noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás
tres veces.
31 Mas él con mayor insistencia decía: Si me fuere necesario
morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo.
Jesús ora en Getsemaní
(Mt. 26.36-46; Lc. 22.39-46)
32 Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a
sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro.
33 Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a
entristecerse y a angustiarse.
34 Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte;
quedaos aquí y velad.
35 Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que
si fuese posible, pasase de él aquella hora.
36 Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti;
aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que
tú.
37 Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón,
¿duermes? ¿No has podido velar una hora?
38 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el
espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
39 Otra vez fue y oró, diciendo las mismas palabras.
40 Al volver, otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de
ellos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle.
41 Vino la tercera vez, y les dijo: Dormid ya, y descansad.
Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del Hombre es
entregado en manos de los pecadores.
42 Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega.
Arresto de Jesús
(Mt. 26.47-56; Lc. 22.47-53; Jn. 18.2-11)
43 Luego, hablando él aún, vino Judas, que era uno de los
doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los
principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos.
44 Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al
que yo besare, ése es; prendedle, y llevadle con seguridad.
45 Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: Maestro,
Maestro. Y le besó.
46 Entonces ellos le echaron mano, y le prendieron.
47 Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió
al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja.
48 Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como contra un ladrón
habéis salido con espadas y con palos para prenderme?
49 Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no
me prendisteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras.
50 Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.
El joven que huyó
51 Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una
sábana; y le prendieron;
52 mas él, dejando la sábana, huyó desnudo.
Jesús ante el concilio
(Mt. 26.57-68; Lc. 22.54-55, 63-71; Jn. 18.12-14, 19-24)
53 Trajeron, pues, a Jesús al sumo sacerdote; y se reunieron
todos los principales sacerdotes y los ancianos y los escribas.
54 Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo
sacerdote; y estaba sentado con los alguaciles, calentándose al
fuego.
55 Y los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban
testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; pero no lo
hallaban.
56 Porque muchos decían falso testimonio contra él, mas sus
testimonios no concordaban.
57 Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra
él, diciendo:
58 Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo
hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho sin mano.
59 Pero ni aun así concordaban en el testimonio.
60 Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio,
preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué
testifican éstos contra ti?
61 Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le
volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del
Bendito?
62 Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre
sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes
del cielo.
63 Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo:
¿Qué más necesidad tenemos de testigos?
64 Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos ellos
le condenaron, declarándole ser digno de muerte.
65 Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el rostro y a
darle de puñetazos, y a decirle: Profetiza. Y los alguaciles le
daban de bofetadas.
Pedro niega a Jesús
(Mt. 26.69-75; Lc. 22.55-62; Jn. 18.15-18, 25-27)
66 Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las criadas
del sumo sacerdote;
67 y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dijo: Tú
también estabas con Jesús el nazareno.
68 Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices.
Y salió a la entrada; y cantó el gallo.
69 Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que
estaban allí: Este es de ellos.
70 Pero él negó otra vez. Y poco después, los que estaban
allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos;
porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de
ellos.
71 Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a
este hombre de quien habláis.
72 Y el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó
de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo
cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto,
lloraba.
Jesús ante Pilato
(Mt. 27.1-2, 11-14; Lc. 23.1-5; Jn. 18.28-38)
15
1 Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales
sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el
concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato.
2 Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos?
Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices.
3 Y los principales sacerdotes le acusaban mucho.
4 Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes?
Mira de cuántas cosas te acusan.
5 Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se
maravillaba.
Jesús sentenciado a muerte
(Mt. 27.15-31; Lc. 23.13-25; Jn. 18.3819.16)
6 Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso,
cualquiera que pidiesen.
7 Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus
compañeros de motín que habían cometido homicidio en una
revuelta.
8 Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como
siempre les había hecho.
9 Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al
Rey de los judíos?
10 Porque conocía que por envidia le habían entregado los
principales sacerdotes.
11 Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para
que les soltase más bien a Barrabás.
12 Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues,
queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos?
13 Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale!
14 Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos
gritaban aun más: ¡Crucifícale!
15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a
Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que
fuese crucificado.
16 Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es,
al pretorio, y convocaron a toda la compañía.
17 Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida
de espinas,
18 comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos!
19 Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y
puestos de rodillas le hacían reverencias.
20 Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura,
y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para
crucificarle.
Crucifixión y muerte de Jesús
(Mt. 27.32-56; Lc. 23.26-49; Jn. 19.17-30)
21 Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de
Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la
cruz.
22 Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es:
Lugar de la Calavera.
23 Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo
tomó.
24 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus
vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría
cada uno.
25 Era la hora tercera cuando le crucificaron.
26 Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS.
27 Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su
derecha, y el otro a su izquierda.
28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los
inicuos.
29 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y
diciendo: ¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres
días lo reedificas,
30 sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz.
31 De esta manera también los principales sacerdotes,
escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros
salvó, a sí mismo no se puede salvar.
32 El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para
que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con
él le injuriaban.
33 Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la
tierra hasta la hora novena.
34 Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi,
Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has desamparado?
35 Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo:
Mirad, llama a Elías.
36 Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y
poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos
si viene Elías a bajarle.
37 Mas Jesús, dando una gran voz, expiró.
38 Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba
abajo.
39 Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después
de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre
era Hijo de Dios.
40 También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las
cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el
menor y de José, y Salomé,
41 quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le
servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
Jesús es sepultado
(Mt. 27.57-61; Lc. 23.50-56; Jn. 19.38-42)
42 Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es
decir, la víspera del día de reposo,
43 José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también
esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y
pidió el cuerpo de Jesús.
44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo
venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto.
45 E informado por el centurión, dio el cuerpo a José,
46 el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en
la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una
peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.
47 Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo
ponían.
La resurrección
(Mt. 28.1-10; Lc. 24.1-12; Jn. 20.1-10)
16
1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la
madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para
ir a ungirle.
2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al
sepulcro, ya salido el sol.
3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la
entrada del sepulcro?
4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy
grande.
5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado
al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se
espantaron.
6 Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús
nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí;
mirad el lugar en donde le pusieron.
7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va
delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo.
8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había
tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían
miedo.
Jesús se aparece a María Magdalena
(Jn. 20.11-18)
9 Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer
día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de
quien había echado siete demonios.
10 Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él,
que estaban tristes y llorando.
11 Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por
ella, no lo creyeron.
Jesús se aparece a dos de sus discípulos
(Lc. 24.13-35)
12 Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que
iban de camino, yendo al campo.
13 Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a
ellos creyeron.
Jesús comisiona a los apóstoles
(Mt. 28.16-20; Lc. 24.36-49; Jn. 20.19-23)
14 Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos
sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de
corazón, porque no habían creído a los que le habían visto
resucitado.
15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a
toda criatura.
16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no
creyere, será condenado.
17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre
echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;
18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa
mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus
manos, y sanarán.
La ascensión
(Lc. 24.50-53)
19 Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en
el cielo, y se sentó a la diestra de Dios.
20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles
el Señor y confirmando la palabra con las señales que la
seguían. Amén.
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