40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, Y se conviertan, y yo los sane.
41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de
él.
42 Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en
él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser
expulsados de la sinagoga.
43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de
Dios. Las palabras de Jesús juzgarán a los hombres
44 Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí,
sino en el que me envió;
45 y el que me ve, ve al que me envió.
46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree
en mí no permanezca en tinieblas.
47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo;
porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
48 El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le
juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día
postrero.
49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que
me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo
que he de hablar.
50 Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo
hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho.
Jesús lava los pies de sus discípulos
13
1 Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora
había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como
había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta
el fin.
2 Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el
corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase,
3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas
en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba,
4 se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una
toalla, se la ciñó.
5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies
de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba
ceñido.
6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú
me lavas los pies?
7 Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo
comprendes ahora; mas lo entenderás después.
8 Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le
respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.
9 Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino
también las manos y la cabeza.
10 Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino
lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios
estáis, aunque no todos.
11 Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No
estáis limpios todos.
12 Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su
manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he
hecho?
13 Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien,
porque lo soy.
14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies,
vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.
15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho,
vosotros también hagáis.
16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su
señor, ni el enviado es mayor que el que le envió.
17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las
hiciereis.
18 No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas
para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo,
levantó contra mí su calcañar.
19 Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando
suceda, creáis que yo soy.
20 De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo
enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que
me envió.
Jesús anuncia la traición de Judas
(Mt. 26.20-25; Mr. 14.17-21; Lc. 22.21-23)
21 Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y
declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de
vosotros me va a entregar.
22 Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de
quién hablaba.
23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba
recostado al lado de Jesús.
24 A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que
preguntase quién era aquel de quien hablaba.
25 El entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo:
Señor, ¿quién es?
26 Respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquél
es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón.
27 Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces
Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.
28 Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué
le dijo esto.
29 Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa,
que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o
que diese algo a los pobres.
30 Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era
ya de noche.
El nuevo mandamiento
31 Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús: Ahora es
glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él.
32 Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará
en sí mismo, y en seguida le glorificará.
33 Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis;
pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A
donde yo voy, vosotros no podéis ir.
34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros;
como yo os he amado, que también os améis unos a otros.
35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si
tuviereis amor los unos con los otros.
Jesús anuncia la negación de Pedro
(Mt. 26.31-35; Mr. 14.27-31; Lc. 22.31-34)
36 Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le
respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me
seguirás después.
37 Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora?
Mi vida pondré por ti.
38 Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto,
de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado
tres veces.
Jesús, el camino al Padre
14
1 No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también
en mí.
2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera,
yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para
vosotros.
3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os
tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también
estéis.
4 Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.
5 Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo,
pues, podemos saber el camino?
6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;
nadie viene al Padre, sino por mí.
7 Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde
ahora le conocéis, y le habéis visto.
8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.
9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y
no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al
Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?
10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las
palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino
que el Padre que mora en mí, él hace las obras.
11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra
manera, creedme por las mismas obras.
12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras
que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque
yo voy al Padre.
13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré,
para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.
La promesa del Espíritu Santo
15 Si me amáis, guardad mis mandamientos.
16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que
esté con vosotros para siempre:
17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir,
porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque
mora con vosotros, y estará en vosotros.
18 No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.
19 Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros
me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.
20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre,
y vosotros en mí, y yo en vosotros.
21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que
me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le
amaré, y me manifestaré a él.
22 Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te
manifestarás a nosotros, y no al mundo?
23 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra
guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos
morada con él.
24 El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que
habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.
25 Os he dicho estas cosas estando con vosotros.
26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre
enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os
recordará todo lo que yo os he dicho.
27 La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo
la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
28 Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros.
Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy
al Padre; porque el Padre mayor es que yo.
29 Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando
suceda, creáis.
30 No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe
de este mundo, y él nada tiene en mí.
31 Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el
Padre me mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí.
Jesús, la vid verdadera
15
1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo
aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.
3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.
4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no
puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así
tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en
mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de
mí nada podéis hacer.
6 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano,
y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en
vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto,
y seáis así mis discípulos.
9 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado;
permaneced en mi amor.
10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor;
así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y
permanezco en su amor.
11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en
vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.
12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os
he amado.
13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por
sus amigos.
14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que
hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas
que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.
16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a
vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y
vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre
en mi nombre, él os lo dé.
17 Esto os mando: Que os améis unos a otros.
El mundo os aborrecerá
18 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido
antes que a vosotros.
19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque
no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo
os aborrece.
20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es
mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a
vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también
guardarán la vuestra.
21 Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no
conocen al que me ha enviado.
22 Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no
tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado.
23 El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece.
24 Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha
hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido
a mí y a mi Padre.
25 Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita
en su ley: Sin causa me aborrecieron.
26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del
Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él
dará testimonio acerca de mí.
27 Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis
estado conmigo desde el principio.
16
1 Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo.
2 Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando
cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios.
3 Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí.
4 Mas os he dicho estas cosas, para que cuando llegue la hora,
os acordéis de que ya os lo había dicho.
La obra del Espíritu Santo
Esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con
vosotros.
5 Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me
pregunta: ¿A dónde vas?
6 Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado
vuestro corazón.
7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque
si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me
fuere, os lo enviaré.
8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de
justicia y de juicio.
9 De pecado, por cuanto no creen en mí;
10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;
11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido
ya juzgado.
12 Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las
podéis sobrellevar.
13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a
toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que
hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que
habrán de venir.
14 El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará
saber.
15 Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará
de lo mío, y os lo hará saber.
La tristeza se convertirá en gozo
16 Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me
veréis; porque yo voy al Padre.
17 Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros:
¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y
de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre?
18 Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No
entendemos lo que habla.
19 Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo:
¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un
poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis?
20 De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y
lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros
estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo.
21 La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su
hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda
de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el
mundo.
22 También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a
ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro
gozo.
23 En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto
os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo
dará.
24 Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y
recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.
Yo he vencido al mundo
25 Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene
cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os
anunciaré acerca del Padre.
26 En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo
rogaré al Padre por vosotros,
27 pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis
amado, y habéis creído que yo salí de Dios.
28 Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el
mundo, y voy al Padre.
29 Le dijeron sus discípulos: He aquí ahora hablas
claramente, y ninguna alegoría dices.
30 Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas
que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios.
31 Jesús les respondió: ¿Ahora creéis?
32 He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis
esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no
estoy solo, porque el Padre está conmigo.
33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En
el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al
mundo.
Jesús ora por sus discípulos
17
1 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo,
dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que
también tu Hijo te glorifique a ti;
2 como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida
eterna a todos los que le diste.
3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único
Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me
diste que hiciese.
5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella
gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me
diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.
7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado,
proceden de ti;
8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las
recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han
creído que tú me enviaste.
9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que
me diste; porque tuyos son,
10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido
glorificado en ellos.
11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y
yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu
nombre, para que sean uno, así como nosotros.
12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu
nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se
perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se
cumpliese.
13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que
tengan mi gozo cumplido en sí mismos.
14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque
no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del
mal.
16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al
mundo.
19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también
ellos sean santificados en la verdad.
20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que
han de creer en mí por la palabra de ellos,
21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en
ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo
crea que tú me enviaste.
22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno,
así como nosotros somos uno.
23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en
unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los
has amado a ellos como también a mí me has amado.
24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy,
también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has
dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he
conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste.
26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer
aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo
en ellos.
Arresto de Jesús
(Mt. 26.47-56; Mr. 14.43-50; Lc. 22.47-53)
18
1 Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos
al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en
el cual entró con sus discípulos.
2 Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar,
porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus
discípulos.
3 Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles
de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con
linternas y antorchas, y con armas.
4 Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de
sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis?
5 Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy.
Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba.
6 Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra.
7 Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos
dijeron: A Jesús nazareno.
8 Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me
buscáis a mí, dejad ir a éstos;
9 para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me
diste, no perdí ninguno.
10 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la
desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó
la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.
11 Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la
copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?
Jesús ante el sumo sacerdote
(Mt. 26.57-58; Mr. 14.53-54; Lc. 22.54)
12 Entonces la compañía de soldados, el tribuno y los
alguaciles de los judíos, prendieron a Jesús y le ataron,
13 y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de
Caifás, que era sumo sacerdote aquel año.
14 Era Caifás el que había dado el consejo a los judíos, de
que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo.
Pedro en el patio de Anás
(Mt. 26.69-70; Mr. 14.66-68; Lc. 22.55-57)
15 Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Y este
discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús
al patio del sumo sacerdote;
16 mas Pedro estaba fuera, a la puerta. Salió, pues, el
discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la
portera, e hizo entrar a Pedro.
17 Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú
también de los discípulos de este hombre? Dijo él: No lo soy.
18 Y estaban en pie los siervos y los alguaciles que habían
encendido un fuego; porque hacía frío, y se calentaban; y
también con ellos estaba Pedro en pie, calentándose.
Anás interroga a Jesús
(Mt. 26.59-66; Mr. 14.55-64; Lc. 22.66-71)
19 Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus
discípulos y de su doctrina.
20 Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo;
siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se
reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto.
21 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído,
qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he
dicho.
22 Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que
estaba allí, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al
sumo sacerdote?
23 Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué
está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas?
24 Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.
Pedro niega a Jesús
(Mt. 26.71-75; Mr. 14.69-72; Lc. 22.58-62)
25 Estaba, pues, Pedro en pie, calentándose. Y le dijeron:
¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No lo soy.
26 Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a
quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el
huerto con él?
27 Negó Pedro otra vez; y en seguida cantó el gallo.
Jesús ante Pilato
(Mt. 27.1-2, 11-31; Mr. 15.1-20; Lc. 23.1-5, 13-25)
28 Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de
mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse,
y así poder comer la pascua.
29 Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo: ¿Qué
acusación traéis contra este hombre?
30 Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no
te lo habríamos entregado.
31 Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle
según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos
está permitido dar muerte a nadie;
32 para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho,
dando a entender de qué muerte iba a morir.
33 Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a
Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?
34 Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo
han dicho otros de mí?
35 Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y
los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has
hecho?
36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino
fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no
fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.
37 Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió
Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para
esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo
aquel que es de la verdad, oye mi voz.
38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad?
Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo:
Yo no hallo en él ningún delito.
39 Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en
la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos?
40 Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste,
sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón.
19
1 Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó.
2 Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la
pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de
púrpura;
3 y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de
bofetadas.
4 Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo
traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en
él.
5 Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de
púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!
6 Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles,
dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato
les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo
delito en él.
7 Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y
según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de
Dios.
8 Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo.
9 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De
dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta.
10 Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que
tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para
soltarte?
11 Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí,
si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha
entregado, mayor pecado tiene.
12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos
daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de
César; todo el que se hace rey, a César se opone.
13 Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se
sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en
hebreo Gabata.
14 Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta.
Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey!
15 Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato
les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los
principales sacerdotes: No tenemos más rey que César.
16 Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese
crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron.
Crucifixión y muerte de Jesús
(Mt. 27.32-50; Mr. 15.21-37; Lc. 23.26-49)
17 Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la
Calavera, y en hebreo, Gólgota;
18 y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada
lado, y Jesús en medio.
19 Escribió también Pilato un título, que puso sobre la
cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.
20 Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el
lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y
el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín.
21 Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos:
No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de
los judíos.
22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.
23 Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron
sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado.
Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo
tejido de arriba abajo.
24 Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos
suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se
cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados.
25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de
su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.
26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él
amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu
hijo.
27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde
aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba
consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed.
29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos
empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se
la acercaron a la boca.
30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y
habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. El costado de Jesús traspasado
31 Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la
pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el
día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran
solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y
fuesen quitados de allí.
32 Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al
primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él.
33 Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no
le quebraron las piernas.
34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con una
lanza, y al instante salió sangre y agua.
35 Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero;
y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.
36 Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la
Escritura: No será quebrado hueso suyo.
37 Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
Jesús es sepultado
(Mt. 27.57-61; Mr. 15.42-47; Lc. 23.50-56)
38 Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo
de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a
Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato
se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús.
39 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de
noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien
libras.
40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en
lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar
entre los judíos.
41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había un
huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no
había sido puesto ninguno.
42 Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de
los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a
Jesús.
La resurrección
(Mt. 28.1-10; Mr. 16.1-8; Lc. 24.1-12)
20
1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana,
siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del
sepulcro.
2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo,
aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del
sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.
3 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.
4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió
más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.
5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no
entró.
6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro,
y vio los lienzos puestos allí,
7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no
puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.
8 Entonces entró también el otro discípulo, que había
venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.
9 Porque aún no habían entendido la Escritura, que era
necesario que él resucitase de los muertos.
10 Y volvieron los discípulos a los suyos.
Jesús se aparece a María Magdalena
(Mr. 16.9-11)
11 Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y
mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro;
12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban
sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el
cuerpo de Jesús había sido puesto.
13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se
han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.
14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que
estaba allí; mas no sabía que era Jesús.
15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo
has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.
16 Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo:
¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).
17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi
Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a
vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.
18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las
nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho
estas cosas.
Jesús se aparece a los discípulos
(Mt. 28.16-20; Mr. 16.14-18; Lc. 24.36-49)
19 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la
semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los
discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino
Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.
20 Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el
costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.
21 Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me
envió el Padre, así también yo os envío.
22 Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el
Espíritu Santo.
23 A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a
quienes se los retuviereis, les son retenidos.
Incredulidad de Tomás
24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con
ellos cuando Jesús vino.
25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos
visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los
clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi
mano en su costado, no creeré.
26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos
dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas
cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.
27 Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y
acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo,
sino creyente.
28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios
mío!
29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste;
bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
El propósito del libro
30 Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de
sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.
31 Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el
Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su
nombre.
Jesús se aparece a siete de sus discípulos
21
1 Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus
discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta
manera:
2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo,
Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros
dos de sus discípulos.
3 Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos
nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y
aquella noche no pescaron nada.
4 Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa;
mas los discípulos no sabían que era Jesús.
5 Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No.
6 El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y
hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la
gran cantidad de peces.
7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro:
¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se
ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó
al mar.
8 Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la
red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos
codos.
9 Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima
de ellas, y pan.
10 Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar.
11 Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de
grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la
red no se rompió.
12 Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos
se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era
el Señor.
13 Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del
pescado.
14 Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus
discípulos, después de haber resucitado de los muertos.
Apacienta mis ovejas
15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón,
hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí,
Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.
16 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás,
¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te
amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.
17 Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?
Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas?
y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.
Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.
18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te
ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo,
extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde
no quieras.
19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de
glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.
El discípulo amado
20 Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a
quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado
al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te
ha de entregar?
21 Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de
éste?
22 Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga,
¿qué a ti? Sígueme tú.
23 Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que
aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no
moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga,
¿qué a ti?
24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y
escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero.
25 Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las
cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el
mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.
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